martes, 25 de marzo de 2008
Algunos videos:
La culpa:
La espera:
El niño que caminaba rápido:
Perdida:
Por la calle:
Obsesion:
:) que esten bien!!
jueves, 6 de marzo de 2008
La señora que comía sopas para uno...
El otro día andaba comprando unos materiales de trabajo que mi jefe me había encargado, me acompañó Enrique, un muy buen amigo que había demostrado su lealtad con creces.
Tengo el vicio de mirar a la gente e imaginarme sus historias, la mayoría de las veces sé que estas historias no dan para nada y que probablemente no se acercan a la realidad de las personas.
Ese día fue algo extraño, bueno resulta que en la famosa lista de materiales de trabajo aparecían unos cuantos víveres que no valía la pena confirmar pues era evidente que eran los víveres del jefe, pero como el jefe es el jefe no conviene decirle nada, solo agachar la cabeza y hacer la compra... Nos acercamos a un carro vacío y muy cerca vimos a un oso vestido de blanco que ofrecía muestras de bebida a la gente, eran unos vasos tan diminutos que parecían antibióticos o peor aún, muestras médicas... pasamos por al lado del enorme oso que dentro de sus entrañas aguardaba a un tipo gordo y triste que se cocinaba dentro del traje con los treinta y tantos grados de calor que le trastornaban la mente al pobre hombre.
Seguimos caminando dentro del supermercado y vimos a una mujer que dentro de su ropa intima escondía salames y latas de cerveza, un caballero algo sorprendido con la actitud de la mujer se acercó a un guardia que obligó a la tipa a ir a inspección, sin embargo esta vuelta una fiera gritaba furiosa que ella no iba a ir porque le podían hacer quizás que cosas ahí y que no estaba dispuesta a ese tipo de abusos, ni menos a que la trataran de ladrona porque ella no había robado nada. Al momento de decir desde sus calzones cayeron una lluvia de salames al suelo. No le prestamos más atención al asunto y llegamos a una parte del supermercado en que vendían frutas y verduras extranjeras. Enrique vio venir a una antigua novia que le revolvía las hormonas y los ánimos y me dejó un momento solo mientras yo compraba unas cuantas manzanas, a mi lado se paró una mujer de rostro cansado, un poco triste tal vez, pidió un trozo de zapallo y partió. Su semblante tristón y su ropa algo arrugada me llamó la atención, se veía demasiado desabrida para su edad, la seguí y vi que compraba una sopa instantánea que en su tapa decía "Sopa para uno", la mujer se fue y quede con una sensación de saber todo lo que seguía, no la conocía, aún así yo sabía que ella tomaría la micro número cuatro de la línea verde y que se bajaría en la avenida "Arrebol" para doblar a la derecha en la calle "Blanco Encalada", entonces me la imaginé entrando a su casa, empujando la puerta con dificultad, entrando a una sala oscura un poco triste de olor rancio, con flores secas en la mesa. Se sentaría en su sillón mientras la sopa se cocinaba en el microondas, sola, un poco aburrida, encendería la tele y miraría largo rato un programa tan falto de sentido que la haría dejar de mirar...de pronto escucharía venir a cuatro patitas sigilosas por el pasillo, una gatita blanca con manchas como anteojos grises la acariciaría el lomo con suavidad, la gatita ronronearía un rato y al comprobar que la mujer no le ofrece más que cariño partiría de ese lugar en busca de una dueña un poco más generosa que le ofreciera un plato de leche por lo menos.
La mujer agobiada por su soledad correría atrás de la gata pero esta se fue corriendo con la misma elegancia con la que vino. La mujer se sentaría nuevamente, sola, lloraría por horas su soledad, le suplicaba a dios que le enviara un compañero, un amigo, lo que fuera para que esa soledad no fuera una carga de plomo en los hombros... pronto dejaría de llorar para revisar su correo electrónico y ver si algún cibernauta se había interesado en su perfil de robusta solterona, pero estaba ahí, como siempre, su correo vacío, de pronto se quiebra y sigue llorando y toma los informe s que su jefe le había encargado para el día siguiente y...
¡Amigo! ¿Que te pasa?... era la voz de Enrique que me sacaba de mi sueño de esa historia que le había armado a esa mujer por el simple hecho de tomar sopas para uno...Partí a mi casa, me despedí de Enrique y acarreé esa bolsa enorme que me había encargado mi jefe.
Al día siguiente llegué a mi trabajo y entregué la bolsa al jefe, me mandó a dejarle una correspondencia a la secretaria de la supervisora de sanidad, pero no estaba, me dieron su dirección así que no me quedó más que acceder a tomar el bus y dar con la casa de la mujer.
Toqué la puerta y me abrió ella, la señora de las sopas para uno, su rostro, al mirarlo de cerca tenía una expresión amable, suplicante de cariño, pasé a la casa, le dejé la correspondencia y nos pusimos a hablar, de pronto entró una gatita blanca con manchas grises como anteojos, me reí, ella no me preguntó por que y saludó a la gatita, esta vez le sirvió un plato generoso de leche para que se quedara para siempre, y así lo hizo. La señora de las sopa para uno resultó ser una mujer increíble, me parecía bastante bella y amable, la verdad, no era una señora, sino más bien una señorita... bueno...y al igual que la gatita no me fui más, ustedes sabrán por qué... Desde ese día las ventanas se llenaron de luz, sus floreros se llenaron de orquídeas frescas y ella no compró más sopas para uno...
viernes, 18 de enero de 2008
Esa vieja canción de cuna
Todavia no supero mi etapa de sequía en un 100%, por suerte tengo un staff de ángeles que me ayudan,
Este 2008 ha traído muchas sorpresas, una muy especial es la aparición de una amiga, la Teco,
Gracias a ella es que publico de nuevo ojalá que nos veamos en el encuentro internacional de clown de Marzo, que esten bien! los invito a leer este texto espero que les guste!
Esa vieja canción de cuna
La neblina caía dulce en los pinos, mojándoles la copa, abrazando por completo el follaje. El sol todavía se mostraba tímido a esas horas, y el rocío caía lentamente y escurría entre los pinares. Se divisaba entre tanto verde una pequeña cabaña, muy humilde, echaba un poco de humo por la chimenea, se estaba acabando la leña. Un anciano salió de la cabaña dispuesto a buscar leña, pero se encuentra con un hombre, un hombre que le produce un espanto terrible. Sus ojos se entrecruzaron no muy amables los unos con los otros, la mirada duró unos instantes y se saludaron con poco cariño. Uno era el padre y el otro el hijo. El hijo vestía de forma elegante y era acompañado por dos hombres en caballo, ya que la cabaña estaba muy oculta en la espesura. El hijo se dirigió a la puerta, pero el anciano lo detuvo.
-No te lleves a las niñas, déjalas algún tiempo. –dijo el anciano.
-¿Acaso no recuerdas nuestro trato? Mis hijas iban a pasar unos años acá, Araceli ya cumplió los trece años, no puede estar aquí, con unos provincianos como ustedes, o sino se va a acostumbrar. Además yo quiero que mi hija sea una dama. Ve a buscarlas, viejo…
El anciano lo miró con ojos suplicantes, nunca quiso que su hijo fuera un hombre tan altanero, pero esa era la crianza que él le había dado, así que no podía más que culparse a si mismo y acceder a que se cumpliera un trato que sabía desde un principio que le iba a hacer daño tarde o temprano.
El hombre sacó a las niñas, que estaban muy desorientadas, tenían en su memoria la imagen de su padre, pero no como alguien cercano, sino como una figura que las abandonó en la casa de sus abuelos a la más tierna edad, subió a las niñas en los caballos. La más pequeña tenía dos años menos, su nombre era Iriel. Ella se resistió a las manos inseguras del padre y entró a la cabaña, se aferró de su abuela, luego del abuelo, pero su padre la tomó con fuerzas y la subió a uno de los caballos.
Iriel trató de persuadir a su padre de que volvieran por “Eli” su perrita blanca, pero el hombre no estaba para que se burlaran de él, menos una niña.
Se llevó a las niñas, una vez abajo del cerro se subieron a un auto muy lujoso, conducido por un chofer. Las niñas se alejaron del campo, la neblina se fue, ellas también.
Araceli miraba sorprendida los caminos, cada vez con menos verde, se asombraba con todos los edificios, estaba encandilada por el tráfico, disfrutaba con las grandes masas de gente. Se hizo de noche cuando llegaron a la capital. La vida bohemia empezaba a surgir y Araceli estaba encantada, era una muchacha increíblemente preciosa, no era afable, y a ratos era tan prepotente como su padre, aún así la crianza en el campo había suavizado su espíritu de bohemia, sin embargo los letreros de neón habían despertado su instinto. Iriel en cambio iba bañada en lágrimas, pensando en Eli, en la muñeca de trapo, en su abuela, su abuelo, los pinos y los riachuelos cristalinos que bañaban el cerro.
Llegaron a una tienda prestigiosa y realmente cara, el hombre habló con dos trabajadoras y cada una de ellas se llevó a una de las niñas. Araceli se vistió con las más finas telas, sus ojos verdes brillaban, el cabello mal cuidado iba a ser pronto calmado con bálsamos de princesa y perfumes franceses, gastó el dinero que necesitarían dos familias pobres en un mes, se sentía la más grandiosa reina y se lucía ante su padre que estaba maravillado al notar el parecido de la muchacha con su madre, que descansaba en un féretro de cristal hace varios años. Iriel en cambio volvió tal como había llegado con su vestido sencillo y sus trenzas, escapando de la empleada de la tienda, aún así el padre le compró unos cuantos vestidos que la empleada aseguró estaban a la moda.
Llegaron a la casa, una mansión increíble, su nuevo hogar, repleto de piletas y estatuas, en el barrio más acaudalado de la ciudad, con mucho verdor, cosa que le gustó a Iriel pero que pasó indiferente a los ojos de su hermana, que se regocijaba en las cortinas finas y en su cama con sábanas de seda.
Pasaron los años, Araceli contaba ya con unos encantadores diecisiete años e Iriel con quince. Iriel tenía que celebrar su ingreso a la sociedad, pero no quiso. Iriel en cambio apreciaba las fiestas, su cuerpo se había desarrollado y su mirada tenía una seguridad enorme, se había vuelto bastante altanera, sin embargo, era capaz de encandilar a cualquier hombre, sus pretendientes eran tantos que ella se daba el lujo de despreciarlos a todos. Cada mañana recibía flores y chocolates en su puerta. Tanto homenaje volvió a la muchacha insoportable, era despectiva con las empleadas, pero disfrutaba con su padre, ya que este todo el tiempo le entregaba dinero para viajes, joyas y maquillaje. Araceli era toda una maniquí.
Eduardo, un amigo de la familia había invitado a Araceli y a su familia a una fiesta de gala para celebrar los diecisiete años de Ricardo, su hijo, que estaba realmente loco por Araceli.
Ricardo había visitado la casa en algunas ocasiones, paseaba por el parque de la casa con Araceli. Iriel los miraba desde el segundo piso, miraba a Ricardo, le parecía que había caído de una estrella, podía estar ahí horas embobada mirando a su amado, nunca le había dirigido una palabra, ni siquiera una mirada, aún así estaba loca. Para Araceli era uno más, pero se dio cuenta de que su hermana miraba con ojos fugaces a Ricardo, así que para molestar se paseaba muy cerca de él y lo abrazaba cada vez que podía. Las visitas de Ricardo se hacían cada vez más frecuentes y más fugaces. Iriel no soportaba ver a Ricardo con su hermana. Tenía que ver la forma de mostrarle a Ricardo como era su hermana realmente, así que planeó juntarse con Ricardo, aunque no podía.
Iriel siempre se fijaba en la belleza interna de las personas, pero con Ricardo le pasaba algo extraño, estaba encantada, no sabía que pasaba con ella, sentía que traicionaba a su instinto en fijarse en un tipo un tanto presumido, pero ella no quería despertar de ese sueño, así que lo idealizó a propósito, y siguió esperando a que algún día la empleada dijera “Iriel, Ricardo la busca, quiere hablar con usted” aunque nunca ocurría eso, y el puente que se creaba entre la realidad y esa posibilidad se hacía cada vez más grande y el abismo más peligroso.
Iriel soñaba con volver al campo y comprarse una cabaña cerca de sus abuelos a los que no veía desde hace años, como el padre no la apoyaba mucho ella realizaba trabajos esporádicos a escondidas del padre, que si hubiera sabido que su hija trabajaba como temporera la hubiera encerrado bajo diez llaves. El dinero que juntaba lo guardaba en una caja con cerradura del que nadie tenía idea, excepto Araceli que una vez vio a su hermana guardar dinero ahí, aunque Iriel no se percató de que la espiaban.
Un día Araceli se acercó a su padre, como la mayoría de las veces, había gastado su dinero y necesitaba aún más. El padre la ignoró, estaba muy ocupado, ella insistió, el padre se enfadó y le dijo que estaba muy ocupado en sus cálculos. La muchacha se portó muy altanera con su padre, cosa que no había pasado antes, así que el padre se enfureció y le dijo que no le iba a dar nada de dinero hasta final de año a no ser que le pidiera una disculpa sincera.
¿Una disculpa sincera? ¿Sería posible para Araceli? Al parecer no, porque se aventuró a la pieza de su hermana, miró la decoración, extremadamente sencilla, le dieron náuseas, aún así continuó, buscó en los cajones de Iriel y encontró la caja, buscó la llave, no la encontró, empezó a forzar el cerrojo con un alambre, de pronto se abrió la puerta y entro Iriel:
-¿Qué haces? - dijo algo desconcertada
-Nada- contestó Araceli
-¿Cómo qué nada? ¿Qué haces con eso? ¿Estas intentado robarme? Voy a hablar con papá.
Araceli algo desesperada detuvo a su hermana. Una sonrisa astuta le afloró en la cara, tenía como evadir la situación, y le dijo:
-Pero hermanita ¿Cómo crees tú que voy a hacer algo así? Te buscaba para que hiciéramos un trato, yo te consigo una cita a solas con Ricardo y tú me das esta cajita con la llave ¿Qué dices?
Iriel no pudo responder, sin embargo pronto asintió, de su cuello colgaba una cadena con una pequeña llave, se la sacó del cuello y se la entregó a su hermana:
-Toma, aquí tienes, pero que sea pronto.
-Si, hermanita, así será.
Iriel no podía creer que hubiera cometido tal estupidez, sin embargo al otro día se cumplió el trato. Como siempre llegó Ricardo, y Araceli lo hizo pasar a la galería, le dijo:
-Ricardo querido, espérame unos instantes voy a ir a arreglarme por mientras, Iriel te hará compañía.
Iriel se acercó tímida y conversó con Ricardo, al contrario de lo que ella pensaba, el joven se mostró muy agradable, La simpatía de Iriel lo cautivó y en algunos días el joven venía a visitar a Iriel en vez de a Araceli. No fue por malas intenciones, pero Iriel le contó como era realmente su hermana, pronto Ricardo llevó a Iriel a las fiestas, no todos la miraban, no era precisamente tan agraciada como su hermana, pero su carisma era la que cautivaba. Pronto todos estaban encantados por la simpatía de Iriel y empezaron a darse cuenta de la altanería de Araceli, aún así no la ignoraban, continuaban rindiéndole tributos, aunque todos querían a Iriel como una gran amiga, todos excepto Ricardo, que empezaba a quererla.
Un día el padre se acercó a Iriel:
-Toma- le dijo.- para que hagas un viaje hija, me he dado cuenta de que siempre estoy pendiente de Araceli y nunca he estado contigo, me gustaría que pasaras más tiempo conmigo, no eres como tu hermana, tu hermana es muy inmadura, muy inconciente, tu eres toda una mujer, hija, perdóname…
Entonces la abrazó, nunca la había abrazado de verdad, ¿a qué se debería ese cambio tan repentino?
Una mañana Iriel se vistió, tomo un bolso con muy poco equipaje y tomo un bus hacia el sur, donde vivían sus abuelos, subió a pie el cerro como pudo, todo seguía igual. Sintió que un perro la seguía, escuchó los ladridos atrás suyo, corrió y el perro se le lanzó encima... por suerte era Eli, que venía a darle la bienvenida, quedaban solo unos pasos para llegar a la casa, a la puerta, el sol se estaba escondiendo de a poco, el cielo se mostraba anaranjado y el atardecer cálido, en el corazón de Iriel todas las sensaciones danzaban, se le desbordaba la alegría por los ojos, no podía evitar reír, golpeó la puerta y su abuela abrió, los ojos de la anciana se abrieron para verificar si era realmente quien creía, luego sonrió, la joven reía mucho y abrazaba a su abuela, le besaba las mejillas, la anciana no evitó dejar caer dos lágrimas dulces por los surcos de su cara, entraron las dos, tomaron mate y comieron sopaipillas que la abuela recién había hecho. La joven estaba llena de alegría recorría toda la casa buscando a alguien, o algo, había un vacío a un lado de toda la alegría, pronto la impaciencia no pudo más y dijo:
-¿Y el abuelo?
-Estaba esperando a que me lo preguntaras…
-¿Dónde? ¿Dónde está?
-Iriel, ¿No has notado un cambio en tu padre? Le envié una carta, tu abuelo está agonizando niña, le queda muy poco, por eso tu padre te dio dinero para que viajaras, era un hecho que ibas a venir para acá…
-Vamos a verlo… ¿Está en el hospital?
-Si niña, vamos, es de noche ya, pero vamos, está bajo el cerro a unos kilómetros.
Bajaron el cerro con mucho esfuerzo, los pies cansado de la anciana no daban abasto, por suerte un hombre en un auto plomo las llevó y las dejó en el hospital.
Entraron, los pasillos olían a antibióticos y parches, todo era simétricamente desesperante, todas las habitaciones iguales con tres camas a cada lado, Iriel como loca abría todas las puertas, su abuela la calmó y la condujo a la correcta, en la cama el anciano abrió sus ojos lentamente y sonrió al ver a Iriel, ella se acercó lentamente, le tomó una mano, se la besó, la abuela le tomó la otra mano…el anciano miró a su nieta y dijo:
-¿Y Araceli, dónde está?
-Ella no pudo venir, se encuentra de viaje.- dijo Iriel, la respuesta conformó al anciano, él volvió a mirar a su esposa y su nieta, dos lágrimas corrieron por sus ojos, se las limpió y les dijo:
-Las quiero…
Entonces dio su último respiro, se apagó, si, se apagó…
Le dieron sepultura en el cementerio del pueblo más cercano.
Iriel quiso llevarse a su abuela a la ciudad, pero ella se negó, dijo que necesitaba estar en la casa algunos días más, para recordar a su marido, además ella quería morir en el cerro donde creció. Así pasaron varios días y Iriel tenía que volver a la capital, antes de irse tomó su vieja muñeca de trapo y se fue, se despidió de la abuela con un abrazo y un beso muy sinceros y se despidió de Eli, que en sus ojos caninos pareció devolverle el adiós.
Araceli recibió a su hermana con indiferencia, ese día llegó Ricardo y paseó con Iriel, se rieron mucho. A Araceli no le gustó lo que estaba pasando, en realidad no le gustaba Ricardo, pero le molestaba ver que él prefería a su hermana, así que hizo lo posible para que la amistad de ellos se acabara. Aunque no tuvo que hace mucho, porque apareció Aira, una muchacha que andaba de visita por el país, Ricardo enloqueció por ella, era más preciosa que la misma Araceli. Un día Ricardo celebró una fiesta para que sus amigos conocieran a Aira, ambos se fueron a un rincón tras unas plantas enormes. Iriel se acercó para saludar a los dos pero escuchó la conversación que tenían:
-¿Y esa muchacha que te sigue? ¿Es tu novia? ¿Cómo se llama? -.dijo Aira
-¿Hablas de Iriel? ¡No bromees! Es muy fea, las feas solo me sirven como amigas.
Y se empezaron a reír, Iriel no podía creer lo que oía, se sintió horrible, y empezó a llorar, se sentó en uno de los sillones cuando de pronto un joven se le acerco:
-¿Por qué llora, señorita? ¿Bailemos esta pieza para que dejes de llorar?
Iriel accedió y se abrazó del desconocido, pronto las lágrimas se volvieron risas cuando los dos tropezaron y cayeron al suelo, luego se sentaron en el mismo sillón y conversaron.
Araceli los miraba desde lejos, estaba un tanto enfadada con su hermana, vio que el joven no era precisamente un adonis sino más bien alguien común, sin embargo sintió algo raro por él, nunca había sentido algo así por alguien, se acercó a los dos y le dijo a su hermana:
-¿Y no me vas a presentar a tu amigo?
-Bueno, esta es mi hermana Araceli…espera… ¿Y tú como te llamas?
-Raúl, ¿Y tú?
-Iriel…
-¡Que lindo nombre! Un gusto conocerlas a las dos.
Al día siguiente recibieron la visita de Raúl, él empezó a andar con las dos como amigo, sin embargo se sentía atraído por Araceli, no tanto por su gran belleza, sino porque Araceli era muy indulgente con Raúl, él cambiaba por completo su personalidad, dejaba de ser altanera, se volvía una muchacha plenamente dulce, eso lo cautivó y empezó a dejar a un lado a Iriel.
Iriel aprendió con la experiencia de Ricardo a valorar a la gente por sus sentimientos y no por su aspecto, por eso le encantaba Raúl que era muy atento, sin embargo él prestaba atención solamente a Araceli.
Araceli y Raúl empezaron a andar, iban juntos a todas las fiestas, sin embargo todos comentaban cosas porque Araceli era preciosa y Raúl no, empezaron a bajarle la categoría de diva a Araceli, cuando a Araceli llegó a sus oídos todo ese montón de rumores cambió por completo su trato con Raúl, y se empezaron a distanciar.
Raúl se dio cuenta de lo que pasaba y decidió terminar con Araceli, ese día entró a la casa, una empleada lo condujo, Araceli todavía no llegaba de la peluquería así que se quedó toda la tarde con Iriel, conversaron mucho, se rieron, y empezaron a pasar cosas, Iriel empezó a necesitarlo y era mutuo, luego las palabras comenzaron a sobrar y se volvieron miradas, las miradas evolucionaron y se convirtieron en un beso, profundo, un beso precioso, el primero que daba Iriel, de pronto entró Araceli, se enfureció y empezó a dar gritos, echó a Raúl, aunque Iriel se aferró a él para que se quedara, entonces Araceli dijo:
-¡Ya vas a ver maldita! ¡A mi nadie me hace esto!...Raúl, yo te quería…pero eso es pasado, ¿sabes por qué ya no te quiero? Porque…
-Porque te daba vergüenza andar conmigo, no lo ocultes, perdóname por no ser tan perfecto como tú, no tienes para qué actuar conmigo, ya sé quien eres-. Contestó Raúl.
Araceli se fue a su habitación y se encerró, pasaron muchos minutos, quizás horas y Raúl se despidió.
Iriel estaba llena de alegría, aunque algo preocupada por su hermana, nunca pensó que le importara tanto alguien, se sintió culpable y fue a la pieza de su hermana a pedirle disculpas, ahí esta ella en su sillón mirando hacia la pared.
-¿Qué haces aquí estúpida?
-Vine a verte, perdóname hermana…
-Yo te dije que esto no se iba a quedar así-. Entonces giró, en su mano tenía la vieja muñeca de trapo de Iriel, esa que le tejió su abuela cuando su padre la dejó en la casa del campo. Y con su encendedor le prendió fuego, la muñeca se consumió por completo y cayó al suelo carcomida, Iriel miró con ojos tristes a su hermana, no entendía como podía haber un ser tan insensible, dio media vuelta y salió, no quería pelear con su hermana.
Pasaron muchos días, las muchachas no se hablaban, Raúl seguía visitando a Iriel, y Araceli estaba cada vez más sola, ya nadie la seguía porque había llegado otra muchacha más bella y más dulce al club.
Araceli abrió su cajón y de él sacó lo que quedó de la muñeca, lo había guardado desde aquel día. Era un trapo pequeño con los bordes quemados, olió el centro y alcanzó a sentir el aroma del anís. Cuando pequeña, era una niña dulce, aunque a veces altanera por su naturaleza, amaba a sus abuelos y se hizo la dura cuando le dijeron que el abuelo había fallecido, aunque por dentro se desmoronaba. Se había preocupado tanto de engrandecer su cuerpo que su alma era un fiasco, era demasiado orgullosa como para pedirle disculpas a su hermana, se acostó en su cama de seda y cantó esa vieja canción de cuna que le cantaba la abuela todas las noches y sintió como si en abuelo la arropara, luego se quedó dormida pensando en la cabaña.
Iriel pensó en su hermana ¿Por qué sería así? Araceli siempre la trataba mal y le decía en la cara que ella era más linda, más talentosa y tenía mucho más futuro, por eso Iriel creció con muchas inseguridades, pero su carisma la salvó del abismo, aprendió a apreciar todas las cosas lindas, se emocionaba con el atardecer, con el viento, al sentir el agua de un río bañando sus pies, pero lo que más la emocionaba era recordar esa vieja canción de cuna y al abuelo cuando la arropaba y la besaba en la frente, el beso de la abuela y el abuelo todas las noches, cuanto añoraba eso. Así se durmió igual que Araceli, pensando en la cabaña.
Al día siguiente el padre se había arreglado, las hizo subir al auto, no les dijo nada, llegaron a una casa del pueblo que estaba cerca del cerro de los abuelos, estaban velando a una señora, miraron por la ventanilla de cristal del ataúd, y era ella, la abuela, con una expresión cálida, con una sonrisa en el rostro, las hermanas se abrazaron, un abrazo largo y tierno, un abrazo que no se daban hace años, se miraron a los ojos y fue suficiente, se pidieron disculpas. Llevaron el ataúd y lo pusieron junto al abuelo, Iriel puso rosas blancas, Araceli rosas rojas, luego ambas sacaron de sus bolsillos unas pequeñas ramitas de anís, la planta preferida de la abuela y las pusieron en las lápidas, pensaron en el abuelo y la abuela, fueron al cerro, subieron a pié y llegaron a la casa, entraron despacio, estaba todo vacío y triste, entonces empezaron a llorar, y se volvieron a abrazar, por fin estaban las dos juntas y empezaban a derrocar esas máscaras que se habías puesto, se disculparon con los ojos nuevamente, recorrieron cada rincón de la casa, se tomaron las manos y entraron a la habitación que alguna vez había sido de ambas, estaban todas sus cosas, intactas, la abuela mantenía las camas estiradas y todo arreglado, como si esas niñas pequeñas fueran a entrar por la puerta en cualquier momento. Esperó horas, días, meses y años, las niñas no volvían. Se resignó y el abuelo empezó a decaer, se rindió, por suerte un día llegó Iriel para decirle adiós a su abuelo, Araceli no se perdona el no haber estado ahí.
Estaba todo limpio, abrieron cada una las camas pequeñas en las que habían dormido de niñas y entraron en ellas, se miraron y empezaron a cantar esa vieja canción, se quedaron dormidas, al día siguiente salieron muy temprano, había mucha neblina como el día en que se las llevaron, miraron hacia atrás y vieron venir a la simpática Eli, venía lento, sabía bien a lo que iba, las acompañó hasta las faldas del cerro donde el padre las esperaba, subieron a Eli y se fueron.
Llegaron a la ciudad, más unidas que nunca, el padre lo notó y no pudo evitar romper en llanto y pedirles disculpas a sus dos hijas por todo el daño, ellas le devolvieron un beso sincero en la mejilla. Las cosas parecían marchar bien ahora.
Una vez en la casa llegó Raúl, y salió con Iriel, fueron al teatro a ver una comedia. Luego quedó sola Araceli, estuvo arreglando su mochila con algunas cosas y salió, el padre le preguntó que a donde iba, ella le contestó que iba a un curso de danza, le dijo que iba a ser bailarina, el padre sonrió, le ofreció todo su apoyo, salieron juntos, él se ofreció a llevarla en su auto y se perdieron entre las calles de asfalto.
Al final quedó solo Eli, que paseaba por el pasto y miraba hacia el cielo pensando en esos dos ancianos, le ladró a un gato y salió persiguiéndolo…
Por lo visto es un final feliz, aunque las hermanas tuvieron muchas ilusiones y desilusiones en su vida, aunque desde entonces se unieron y caminaron juntas por ese sendero que era la vida, cuando se sentían tristes se reunían y viajaban a la cabaña, entraban a su casa, la de sus abuelos y empezaban a recordar, a recordar y a cantar esa vieja canción de cuna…
jueves, 10 de enero de 2008
sequía???
Voy pegar un trozo de texto que algún día escribí en algún lugar:
lunes, 24 de diciembre de 2007
Carta en un día de lluvia
"Te amo Ramona, desde ahora no importa nada más que eso...
Esperaré tu respuesta aunque pasen siglos antes de tenerla,
Aunque no lo creas te amo desde la primera vez que te vi,
Sea un si o un no lo que me respondas siempre te amaré y
Hasta la luna te llevaría si es necesario para que veas que
La emoción que me produces, ese amor tan inmenso no es
otra sino la verdadera necesidad de tenerte cerca, eres mi
vida, te amo con todo mi ser, déjame seguir amándote...
Samuel se fue a su casa, se acostó y durmió sin dificultad, sin embargo la angustia lo ahogaba.
Al otro día la lluvia había cesado su danza frenética, el sol salió dejando una huella de pureza en el cielo, muchas personas pasearon por la plaza, nadie miraba la carta que estaba en la banca, abandonada, solitaria, el sol se había encargado de secarla, la humedad se había ido con los primeros indicios del calor del sol, sin embargo las fisuras que dejó la lluvia furiosa eran irreparables. De pronto llegó Ramona, jugueteando con Héctor, se sentaron en la banca, se besaron unos instantes, Ramona posó su mano en la banca y sus dedos rozaron la carta, Ramona la tomó y la miró, solo se habían salvado las primeras palabras del último párrafo y estas decían así:
Te
Esperaré
Aunque
Sea
Hasta
La
otra
vida
Ramona empujó el papel con su mano, el que cayó a un charco y siguió besando a Héctor. Luego se fueron y Héctor sin darse cuenta pisó la carta, la que se hundió en el barro del charco y desapareció en él…
sábado, 22 de diciembre de 2007
Querida, se murió el perro
(Una sala vacía hay solo un par de sillas, dos personas miran hacia al frente, conversan, Ella mira a El y lo empieza a consolar)
Ella: -Mi amor…no te desesperes, no tienes la culpa de que nos hayan embargado los muebles…
Su Marido: -¿Cómo que no?...ya estoy arto de estas humillaciones…
Ella: -Pero querido, después de tiempos malos nunca faltan los buenos…
Su Marido: -¿Y tu crees que voy a quedar contento con un proverbio tan tonto como ese? Llevamos ya mucho tiempo sin que nada bueno pase. Tengo que contarte algo
Ella: -¿Qué?
Su Marido: -Se nos ha muerto el perro…
Ella: -¡Que Dios nos socorra!¿Cómo pudo pasar eso?
Su Marido: -Fue la neumonía, el veterinario no me quiso atender gratis…
Ella: -¡Dios Santo! ¿Y el gato cómo esta?
Su Marido -Ya no esta con nosotros…
Ella: -¡Que terrible! ¿También se murió?... esto no puede estar pasando, no a nosotros…
Su Marido -No querida, él no ha muerto, es que se fue en busca de aventuras…
Ella: -¿Cómo es eso, un gato de parranda?
Su Marido -no, no dije de parranda, de aventuras, es distinto.
Ella: -ah…
Su Marido -¿Dónde está Camila?
Ella: -¿Qué Camila?
Su Marido -Nuestra hija…
Ella: -ah…ella…parece que esta jugando en el patio con el perro…
Su Marido -¿Cómo, si el perro está muerto?
Ella: -Cierto, entonces está dando de comer al gato
Su Marido -¡Mujer! ¿No te he dicho acaso que el gato ha muerto?
Ella: -No, nunca lo hiciste…
Su Marido -Si, lo acabo de hacer…
Ella: -Por eso nunca nos entendemos, tu siempre andas mintiendo…
Su Marido -Mejor no hablemos más del tema… ¿Cómo vamos a recuperar los muebles?
Ella: -Pues pagando las deudas, querido…
Su Marido -¿Pero cómo vamos a hacerlo si hoy me despidieron?... ¡ya sé! ¡Tú podrías trabajar!
Ella: -Olvídalo, querido….
Su Marido -¿Y por qué no? En momentos como este es cuando debemos probar la solidez de
nuestra relación…
Ella: -¿Pero de qué solidez hablas si tu nunca has estado aquí en casa? Yo tuve que criar sola a mis tres hijos y tu nunca estuviste para ayudarme…
Su Marido -Querida, no son tres hijos sino cuatro los que hemos tenido…
Ella: -¿Cuatro? Me parece que son menos…
Su Marido -Son cuatro: Camila, la mayor, luego viene Camila, la segunda, luego de algún tiempo el doctor nos anunció que tendrías gemelas, y ahí nacieron Camila y Camila…
Ella: -Es cierto… ¿Por qué se llama Camila la mayor?
Su Marido -Porque tú te llamas Camila, querida…
Ella: -Es cierto también… ¿Y cómo es que te llamas tu querido? Es que en todos estos años nunca se me había ocurrido preguntártelo…
Su Marido -Mi amor, nunca te lo he querido decir, la verdad es que me apena un poco, la gente siempre se ría de mí, por eso nunca quise decirte mi nombre…
Ella: -No temas en decírmelo, por eso llevamos treinta años de matrimonio…
Su Marido -Veinte…
Ella: -Si, veinte… ¡No cambies el tema!¡Anda, dime como te llamas!
Su Marido -Es que…
Ella: -¿Es que qué?
Su Marido -Es que…
Ella: -¡Dímelo o te doy con un ladrillo en la cara!
Su Marido -esta bien querida…mi nombre es…
Ella: -¿si?
Su Marido -es…
Ella: -¡Siiiii!
Su Marido -¡Camila! ¡Me llamo Camila! ¡A pesar de que soy hombre me llamo Camila!
Ella: -No tiene nada de malo querido…
Su Marido -¿En serio piensas eso?
Ella: -Si, aunque Camila es un nombre muy feo, no me gustaría llamarme así…
Su Marido -Querida, tu te llamas Camila…
Ella: -Cierto… ¿Por qué esa cara? ¿Todavía piensas en los muebles? Insisto no es culpa tuya
que nos hayan embargado los muebles, la culpa la tiene tu jefe. El fue el que te despidió porque no trabajabas y porque quisiste tener un amor secreto con su esposa del que todos supimos. Tu jefe tiene la culpa, porque el nunca quiso entender tu sentido del humor, cuando le escondías los expedientes y los superiores lo sancionaban, el nunca fue capaz de reírse de mismo y disfrutar cuando lo ridiculizabas en las reuniones…tú no tienes ninguna culpa querido, la culpa la tiene tu jefe…
Su Marido -En realidad, el mundo no está preparado para una persona tan afable, tan fina, tan
única, tan simpática como yo…
Ella: -¿Ves que es así?... ¿Qué vamos a hacer para solucionar el problema?
Su Marido -Pedir un préstamo para…
Ella: -No, no hablo de eso, hablo de lo del perro…
Su Marido -Cuando solucionemos esto buscaremos otro…
Ella: -Tiene que ser muy parecido al que se murió…
Su Marido -¿Cómo era el que se murió?
Ella: -Era muy lindo, único, precioso, tenía cuatro patas, una cola, una cabeza con dos ojos, dos orejas y muchos dientes, creo que era así como te digo, si, tengo la seguridad de que era así…
Su Marido -No creo, no lo recuerdo así, lo recuerdo distinto…bueno mañana a primera hora tendrás el perro…
Ella: -¿No puede ser para pasado mañana?
Su Marido -No, no puede…
Ella: -¿Por qué?
Su Marido -Por que no…
Ella: -Dame un motivo con fundamentos, querido…
Su Marido -No hablemos más de esto…
Ella: -¿Por qué siempre me haces esto?
Su Marido -¿Qué?
Ella: -Esto…nunca terminamos una conversación, siempre me cambias el tema, estoy harta de que no me tomes en cuenta…
Su Marido -Pero…
Ella: -¿Pero qué? Yo soy una esclava tuya, trabajo como una tonta, desde que sale el sol hasta que se esconde, sufro mucho, me ha costado tanto criar a mis dos hijas…
Su Marido -¡Cuatro!
Ella: -ah si…a mis cuatro hijas…estoy deshecha… ¡Me voy a lanzar a la vida! ¡Voy a vestirme de seda! ¡Voy a ser la bella estrella que era antes de conocerte a ti!
Su Marido -¿De qué hablas? Tu nunca has hecho nada por ninguna de nuestras Camilas…te lo llevas todo el día sentada viendo telenovelas ¿Y vienes a llenarte la boca con mentiras? Yo soy el que ha hecho que nuestras niñas sean lo que son hoy…Yo soy el que trabajo como loco… ¡Aquí yo soy el esclavo!
Ella: -pero…pero…pero…
Su Marido -¿Pero qué?
Ella: -La verdad, querido, es que nunca te he visto salir a trabajar…
Su Marido -¿nunca nunca?
Ella: -si, nunca nunca.
Su Marido -Qué extraño… ¿estás bromeando?
Ella: -No…esta vez no…
Su Marido -Tienes razón, nunca salí a trabajar, yo trabajo en casa…
Ella: -¿Y qué es lo que haces?
Su Marido: - no sé, algo debo hacer…
Ella: -me parece extraño…
Su Marido -¿Qué?
Ella: -Que nunca sepamos nada…entonces tú no trabajas…tú tienes la culpa de que nos hayan quitado los muebles…
Su Marido -No, no es mi culpa, tu misma lo dijiste antes…
Ella: -Si, lo dije porque estaba loca, ahora estoy recuperando la lucidez, me arrepiento de haberte conocido, no me gustas, tu nombre, tu cara, tu pelo, hasta nuestras hijas, son todos patéticos por tu culpa. Nunca hiciste nada por nadie, ni por ti mismo, por eso perdimos todo. Tu tienes la culpa de que yo sea fea, por tu culpa nunca me cuidé y ahora soy un estropajo, nunca más volveré a ser esa joven tan preciosa que era antes. Tu tienes la culpa de que Camila, la mayor sea drogadicta, tu tienes la culpa de que las gemelas Camilas sean, la una cleptómana y la otra ninfómana y tu tienes la culpa de que la última Camila, en la que depositamos todas nuestras esperanzas haya estudiado derecho cuatro años, se haya casado con un ministro y se haya ido para nunca volver, porque nunca supiste darle valores…
Su Marido -¡Ese era tu trabajo!
Ella: -No, era de los dos y estoy muy arrepentida, ¿Pero qué puedo hacer?... ¿Sabes que puedo hacer? ¡Culparte! Tú tienes la culpa de que el perro se haya muerto y de que el gato haya salido en busca de aventuras con la gata Penélope…
Su Marido -¿Y según ti de qué más tengo la culpa?
Ella: -De que yo sea tonta, de que el mundo esté en guerra, de que el cartero me haya robado mi enano de jardín, de que el bombero no haya podido salvar la casa de mi vecina, también tienes la culpa de que el vecino de al frente esté soltero, tu tienes la culpa del agujero en la capa de ozono, tu tienes la culpa de todos los terremotos, maremotos, huracanes, guerras, pestes, plagas, fríos, fiebres, dolores de espalda, virosis, migrañas y muertes en el mundo... ¡Es cierto porque nunca te pusiste los pantalones!... temo decirte esto, pero ¿Sabes?... YA NO TE AMO…
Su Marido -¡Tienes razón querida! ¡Ya no puedo soportar esta situación! ¡Pásame el matamoscas!

viernes, 21 de diciembre de 2007
--(Secretos)--
Pasaron los días, los meses, los años y Mara tenía ya quince años y un cofre saturado de secretos, algunos tan ingenuos que conmovían, otros tan serios que serían la preocupación de cualquier especialista.
Era un día Martes, o Miércoles quizás, y Mara se levantó como siempre, por el lado derecho de su cama, estiró sus sábanas, le dio un beso a su oso de peluche y abrió las ventanas de par a par, miró hacia fuera, respiró una bocanada de aire puro y salió rumbo al colegio, pisó charcos inmundos, la llovizna le cubría el cabello, los automóviles pasaban indiferentes, ajenos a la lluvia, salpicando a los transeúntes, inclusive a Mara, un auto la empapó desde la cabeza a los pies. Tiritando de frío y rabia Mara se dispuso a volver a su casa, se cambió de ropa y al ver la ropa toda mojada pensó que lo mejor sería que su madre no lo supiera, entonces era un secreto más para el cofre. Escribió en un papel amarillo, levantó la almohada, miró, y sus sorpresa fue enorme al ver que el cofre había desaparecido, buscó en los muebles, en las charcas, debajo de la cama, por el suelo, el aire, por el agua, por un bosque, por las dunas y nunca pudo encontrarlo. ¿Quién habría sido capaz de desentrañar tan íntimo objeto? Era su secreto más grande, el cofre de los secretos, aquel en el que escribió amores y desamores, peleas, conflictos internos, pecados, maldiciones, horrores y verdades, verdades tan crudas como íntimas que prefería mantener así, en secreto, por siempre, sin embargo todo se le vino al suelo cuando se percató de que el cofre había sido robado…
Volvió a su casa con la cara llena de desanimo y se fue a dormir, como siempre, cerró la ventana de par a par, sacó a su oso de peluche y lo puso en su mesa de dormir, le dio un beso, se metió a la cama por el lado izquierdo y se sumió en el sueño.
Al día siguiente hizo el mismo ritual de siempre y cuando abrió la ventana vio a todo el mundo ahí, estaba su madre, toda su familia, los muchachos y las niñas de la escuela, las monjas, los curas, los profesores, el médico, el panadero, el lechero, el vendedor de gas, en fin todo el pueblo. Unos la miraban con repudio, otros con asco, unos se burlaban, todos conocían sus secretos, sintió como el corazón se le desgarraba lentamente, pronto se volvió oscura, sus ojos de niña se convirtieron en dos vacíos globos sin brillo, sus brazos dos ramas supurantes de odio, ella no quiso acceder a ese juego infame del que la querían hacer partícipe, se vistió de negro, se paró en su balcón, los miro a todos con desprecio, les dijo tantas suciedades y sus palabras eran veneno a los oídos, algunos lloraron, sin embargo su espíritu de niña la traicionó y se quebró en un llanto arrepentido, sus ropajes negros, eran otra vez blancos, sus ojos eran dulces nuevamente, se abalanzó en el balcón y sintió como sus brazos eran ahora alas blancas con las que iba a volar lejos de ahí, agitó los brazos y saltó del balcón, lamentablemente había sido solo una sensación, porque Mara fue atraída por la gravedad, sin piedad alguna, y sus ojos de niña de miel se apagaron…
Ese es el secreto que vengo a contarles, lo escribí en un papel y lo guardé en un nuevo baúl, algo más grande que los otros, un cajón de terciopelo dentro del que descansan dos grandes secretos, este papel y el cuerpo de Mara…
jueves, 20 de diciembre de 2007
Tinta
...Tinta...
¿Qué fue eso?...un aullido sordo, una mezcla de risa y llanto...ahí está otra vez, ese sonido, camino por el pasillo oscuro, sin embargo no veo nada, el sonido se hace cada vez más intenso, me daña los oídos, los cubro con mis manos para escapar de ese horrible grito, el morbo me supera y sigo caminando, veo rejas a través de las que pasan los rayos de luz con cierta timidez. Las celdas están vacías, parece no haber nadie, excepto yo, el guardia y ese sonido infame que sigue acosándome. El guardia, un hombre de hierro sigue su camino, lo sigo, no sé por qué. Siento que el sonido crece y crece, cada vez más, va llenando los espacios vacíos, la luz empezó a decaer y mis pupilas se dilataron, entonces llegamos al final del pasillo, el guardia se detuvo y abrió una puerta de hierro muy pesada, lo que verían mis ojos a continuación no tenía nombre, o tal vez si, murallas de color blanco y un hombre con los ojos hacia dentro, blancos también, el sonido, aquel grito infernal, había cesado ya, el guardia había desaparecido y yo miré hacia atrás...no me encontré más sino con la puerta, estaba atrapado en aquella habitación con aquel hombre desquiciado envuelto en su melancolía. Empecé a extrañar aquel sonido, ese grito, ese aullido, lo busqué con el oído, sin embargo me rendí al encontrar solamente un silencio, casi tan desesperante como el aullido. El hombre seguía sin moverse y yo sin atreverme a hablar. Pasaron las horas, el sol se debilitó y los párpados comenzaron a pesarme, no podía darme el lujo de quedarme dormido, no en lugar como ese, y aunque intenté no caer rendido, fue en vano porque el sueño me venció y cuando desperté vi la puerta de hierro abrirse, era el guardia, venía a buscarme, me condujo a otro lugar, no tan cerrado, era un celda, no era muy amplia, pero era mucho más segura que la anterior con el loco que podía despertar en cualquier momento dando saltos y atacándome a cabezazos ya que sus brazos estaban sujetos por una especie de arnés de cuerdas, tal vez una camisa de fuerza.
Dormí tranquilo, desperté y me volví a dormir, quizás pasaron muchos días de esta forma, puesto que no había nada más que hacer, miré a mi lado y en la celda vecina había un hombre, escribiendo con una vieja pluma de ganso, algo roída, me miró despectivamente y siguió escribiendo, hilaba las palabras con tal facilidad que pude ver montones de hojas escritas por todos lados, algunas sin ningún sentido, el hombre me resultó inofensivo, decidí conversar con él para desafiar la soledad, sin embargo fue peor, no recibí respuesta sino hasta el séptimo día, cuando me dijo “No me molestes que estoy escribiendo”, yo conversaba con él para molestarlo por último, no había más entretención, un día vi que se había quedado dormido sobre su escritorio y había derramado la tinta sobre el mesón, a través de la celda logré arrebatar algunos escritos, tomé el papel y empecé a leer en voz baja:
- Amanda:
He soñado todas las noches contigo, me han encerrado injustamente por matar a un asesino ¿Qué irónico, no? Encarcelado por librar al mundo de un mal, ¿Cuándo podré verte, Amanda? Ya quiero verte para recorrer tu figura ¡Vaca asquerosa! Que por tu culpa me encuentro en esta pocilga, comiendo la mugre que un bastardo guardia me trae, no vales para nada, a veces quiero vomitar, y pienso en ti Amanda, por eso te amo tanto, y no veo la hora de volver a besarte…
No supe que pensar, y es verdad, no pensé, sino que tomé otra carta y la leí:
-Amanda:
Siempre fuiste la más bella de las cortesanas, la más afable, la que tenía el aroma más dulce, la que más me hacía reír, tus caricias eran suaves, tus manos como de gorila, tu rostro era tosco y antiestético, tus dientes expelían un olor putrefacto, muy distinto a tu cuerpo tan dulce, por eso te amé tanto bajo las noches de luna, siempre fuiste la cortesana más linda para mí, sin embargo la más sucia, no soportaba verte abrazada de otros hombres, por lo general vagos, ya que tu nunca atendiste a los señores acaudalados, porque eras realmente fea, y tu voz de gorrión estaba muy descuadrada con tu cuerpo de mamut…te amo con toda mi alma…
Esta carta no era muy distinta a la otra, traté de tomar las cartas siguientes, estaban ordenadas por fecha, sin embargo mis brazos no las alcanzaron, logré tomar con esfuerzo la última carta, la que se cayó cuando derramó la tinta, esta carta tenía la mitad legible y el resto bañado de tinta, la curiosidad me superó, le di la espalada al escritor orate que dormía y me apoyé en la reja, leí con atención:
-Amanda:
Yo lo maté luego de que tu estuviste con él. Por lo que escuché planeaba matarte, al igual que yo, eso me llenó de rabia, pues yo soy el único que tiene derecho a matarte el día que tus curvas desproporcionales no causen el mismo efecto en mí. El hombre llevaba una escopeta, te quería matar porque lo humillaste frente a las otras cortesanas, le dijiste mil vulgaridades propias de ti, tu hablabas con un insulto cada dos palabras, por eso es que me gustaste tanto, yo tomé el cuchillo que llevaba en mi morral, con el que pensaba matarte, y con él le di tres estocadas al maldito y cayó desvanecido, yo empecé a reír, lo había hecho, había matado al maldito vago que te acosaba, mi cerda inmunda, mi damisela. Luego me encarcelaron y empecé a escribir esto, te amo mucho, eres dulzura y amargura, eres ambrosia y ajenjo, eres lobo vestido de cordero, aunque yo siempre supe que eras un lobo por los vellos de tus piernas, eres la repulsión más grande que me ha tocado ver. Por eso te amó hasta enloquecer, y no creas que estoy loco… Todavía estoy encerrado llevo unos meses. Me he levantado para mirar esta carta ¿y sabes que sorpresa horrible me encontré? En la celda del lado estaba un tipo leyendo mi carta, entonces con mis propias manos lo tomé del cuello, él estaba apoyado en la reja, y se había robado mi carta y mis secretos, le apreté el cuello sin piedad, hasta que cayó rendido, muerto, y yo tomé mi carta para seguir escribiendo, lamentablemente se me había acabado la tinta…
Como verán, amigos, esa fue la última carta que leí en aquel extraño lugar, ¿Qué más les puedo contar?, el perverso hombre nunca vio a Amanda, nunca le dirigió siquiera la palabra, Amanda era la cortesana más bella de todas, la que nunca alcanzaría ese loco que la puso en un altar y que estuvo a punto de matarla…
Aquel día fatídico el escritor perverso empezó a escribir una novela interminable con la poca tinta que logró salvar , cuando se le acabó la tinta escribió con sangre, y cuando se le acabó la sangre ya no escribió más…
